Meade no pudo. Los votantes, sí podrán/ En la opinión de Marcos Marín Amezcua

Por Marcos Marín Amezcua

 

El segundo debate define claramente a los contrincantes. El segundo debate nos deja ver que el candidato priista Meade no pudo ser cuatro cosas: 1) un candidato ajeno al priismo, con capacidad de explicar conceptos que comprometen a Peña Nieto; 2) uno capaz de dirigirse a los electores de frente, capaz de criticar al gobierno y al partido gobernante, 3) fracaso definiéndose bajo el supuesto amparo de no ser miembro del segundo  –inevitablemente siendo miembro del primero, como lo fue– porque se es externo, pero nunca independiente; y 4) no fue capaz de delinear con exactitud la mayoría de sus propuestas, atrapado entre defender a Peña y no poderse exhibir más.

 

Y me dirijo a Meade, porque representa la continuidad en su calidad de candidato oficialista. Representa la continuidad del desastre Peña Nieto y porta las siglas del PRI.

 

En pocas palabras, Meade careció de los estímulos para diferenciarse de otros candidatos priistas del pasado, para abonar a favor del partido que lo acoge y para, muy importante, hacer los necesarios cuestionamientos que esperaríamos de quien definen como preparado. Le quedó grande la candidatura u oportunidad de diferenciarse, cuestionar y reconocer errores que han sido muy costosos a México con el PRI y finalmente, así perdió ampliar su base de votantes, coya más sencilla de haber sido capaz de superar todo lo enlistado.

 

Tecnócrata que ve cifras, sin capacidad para con ellas articular una propuesta que no pase por simplemente atacar al puntero, con la imposibilidad por compromiso y por capacidad personal, para estructurar una crítica necesaria, conducente, inevitable –salvo para él, muy benéfico y no llegó– contra los errores gravísimos de Enrique Peña  Nieto, Meade desaprovechó la ocasión de marcar la necesaria distancia para no ser arrastrado al desastre al que se dirige este sexenio moribundo.

 

Es su elección. La de los votantes lo será el 1 de julio. Ellos sí que pueden cuestionar a un gobierno peñista que fue el peor valorado y con los peores resultados, unos de crecimiento para unos pocos, favoritismo a los amigos y a empresas extranjeras que saquearon México de varias maneras, por la mala previsión económica y la entreguista y torpe política exterior peñista, plagada de equívocos que nos han costado descrédito, pérdida de oportunidades, que nos han puesto en peligro confrontándonos gratuitamente con países con capacidad nuclear, como Corea del Norte, y que nos reporta el mayor número de priistas ladrones y perseguidos por Interpol. ¿Para eso se eligió a un guapo en 2012? que lo respondan sus obtusos y timoratos electores.

 

Los ciudadanos saben que fue un error traer a Trump por parte del PRI en el gobierno, y otro más elegir a Peña Nieto. Hoy lo constatamos y hoy podemos ponerle remedio. Desde luego,  imposible resulta hacerlo eligiendo a Meade u obtener una respuesta sensata del continuista de todo lo mencionado. Es pues, tarea de los ciudadanos definir claramente lo que se quiere. Un primer caso muy importante es reconocer que el PRI no supo gobernar, estrelló la economía, fue incapaz de articular una tarea de reconocimiento y se el fue el país de las manos.

 

Por último, no sabemos qué hará el Frente por México si Anaya fuera finalmente juzgado en España. Lo reiteraré: no se puede ir de campaña y como candidato, arrastrando problemas judiciales. No es sano y no es pertinente. Es tan penoso y peripatético oír a anayistas defendiendo a capa y espada a su candidato, pese a sus equívocos y demostrando que la intolerancia mucho campea entre ellos y no es patrimonio de nadie, es de verdadera pena ajena. Más tardan en su defensa hacerlo que a aquel fincársele un nuevo juicio perseguido por lavado de dinero. No, cuando la sombra de duda judicial lo persigue. A Hillary Clinton eso acabó de hundirla. Y conste que los candidatos opositores a Anaya no le han champado esa irregularidad. Solito se embrolla.

 

Los votantes a diferencia de Meade, es evidente que no se van a ver limitados a expresar su repudio en las urnas a una realidad que no les gusta y van a identificar.

 

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Las opiniones emitidas en esta columna son responsabilidad de quien la escribe y no reflejan necesariamente la línea editorial de este medio.

 

izas

 

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